Un día como hoy pero del 2007, se nos fue un icono de Valles, el indio Facundo

Uno de los personajes más singulares del Valles del Ayer es, sin duda, el Indio Facundo.
Su vestuario, su música, el canto y el baile, lo hacían especial para la gente, quienes aún recordarán el recorrido que hacía por las colonias de esta ciudad, presentando su trabajo.
Ernesto Díaz Cadena, mejor conocido como El Indio Facundo, nació el 7 de noviembre de 1922 en el estado de Hidalgo.
Desde su niñez tuvo una vida difícil, quedó huérfano y fue obligado a vivir con un tío, de quien sufría maltrato. A los 14 años decide salirse de su pueblo en el Estado de Hidalgo, llegando a Tamazunchale a rehacer su vida.
Perseguido por el infortunio, se fue a vivir una temporada a Reynosa, tratando de que la vida le sonreirá. Ahí, se ganó la vida de vendedor ambulante, ayudante de panadero, al no verse favorecido con el trabajo, buscó otras alternativas y fue así como empezó a bailar apoyado con una pequeña flauta de carrizo.
De esta manera, comenzó a ganarse unos pesos, lo que le permitió paliar su difícil situación económica.
Posteriormente llegó a Ciudad Valles, y fue en el año de 1966, cuando empezó a ser reconocido al bailar y tocar su tambor y su flauta en la feria, causando sensación entre los niños.
Lamentablemente su vida fue de mucho sufrimiento, porque su esposa Rosa Alvarado, perdió la vista y se enfermó, al no tener los recursos económicos para su tratamiento, finalmente murió a los pocos años; él también enfermó, y murió el 18 de julio del 2007, en su casa, que tenía en derecho de vía de la colonia Palma Sola.
Sus hijos fueron Silvestre, Gerardo y Mario Díaz Alvarado.
Gerardo Díaz, su hijo, mencionó que su padre en Reynosa, se colocaba afuera de una tienda llamada el Nuevo Mundo, y con su flauta y tambor empezaba a tocar para atraer clientela y si se juntaba la gente.
Pero no ganaba lo suficiente y cuando llegaba a la casa con poco dinero, decía «no importa que no me paguen, con tal de ver a los niños felices, es mi mejor pago».
Gerardo Díaz agradece a todas las personas que ayudaron a su padre, durante su vida en la ciudad y por todas las muestras de cariño que le siguen brindando, y que mientras viva en los corazones de los Vallenses, desde el cielo estará cantando y bailando por toda la eternidad.

