Llueve por doquier, la gran mayoría de los sitios turísticos permanecen cerrados, principalmente los que se abastecen de agua, los visitantes se quedan sin opciones de recorrido y los prestadores de servicios sin trabajo y medio de sustento. Pero bien decía Albert Einstein que en los tiempos de crisis es cuando se motiva la creatividad e inventiva de la gente, y los guías de El Naranjito han cumplido con ese decreto al idear un trayecto por un nuevo mirador, sin necesidad de cruzar el riesgoso y crecido río Gallinas.
Se trata de tomar la misma ruta de terracería hacia el sur, pasar el rancho El corozo y el primer portón, casi media hora en vehículo por las condiciones agrestes, y desviarse a la izquierda poco antes de llegar a la gran corriente, rumbo al rancho San Judas, donde habrá que seguir a pie, por pastizales que nos reciben adornados con nopaleras, palmas, y piedras con formaciones caprichosas; todo en medio de un verdor espectacular.
Hay que caminar otra media hora, cada vez más despacio conforme el terreno se inclina y hace que los cordones metálicos colocados a modo de barandal cumplan su función, sobre todo en tiempo de lluvia, cuando la hojarasca y el lodo vuelven resbaloso el camino. La motivación es el rugir de la cascada que cada vez se escucha más cerca y más fuerte; incluso entre el follaje de los árboles puede divisarse la bruma que forma su caída.
Seguimos en descenso, se percibe que falta menos; y de pronto aparece frente a nosotros, mostrándonos su otro rostro, con un caudal impresionante que se estrella contra la sierra de enfrente generando espontáneos escurrimientos, y propiciando que el río Tampaón alcance niveles monumentales: Ahí está la Cascada de Tamul, en esa diferente y majestuosa perspectiva que se puede apreciar sin importar si hay crecientes o lluvias incesantes.
Por la misma razón de las precipitaciones pluviales es menester cuidar lo que se lleva, porque la humedad se escurre por las copas de los árboles, y es altamente probable que en la expedición te alcance un buen aguacero, que sin duda le pondrá más peculiaridad a la aventura. La cual ahí no termina, porque a los guías –que obligatoriamente te deben acompañar- se les ha ocurrido agregar dos destinos a esta innovadora oferta turística en el norte de Aquismón.
Y es que a unos cuantos metros, aprovechando el rumbo, se puede conocer una cueva poco explorada pero no por ello poco atractiva, donde lo primero que llama la atención es la pequeña entrada, que más adelante se abre para deslumbrarte con sus estructuras singulares, que por momentos asemejan una enorme boca provista de enormes dientes que se abre dispuesta a engullirte. Pero lo único que te atrapa es la emoción de seguir explorando.
Por eso el avance continúa con otra cavidad ubicada enfrente, a la que los lugareños han denominado Cueva de los enanos, porque sus dimensiones te llevan a ingresar casi en cuclillas, y luego se amplía levemente, por ello hay que mantener la precaución para no golpearse con el techo. Conocer ambos sitios son el complemento perfecto para rubricar esa intención de avistar a la Cascada de Tamul cuando no se le puede llegar de otra manera.
Esta distinta propuesta es ideal para la época de lluvias, en la que por seguridad es imperativo respetar las restricciones de acceso en casi todos los demás atractivos turísticos de la región, sin embargo, resulta una alternativa abierta para todas las épocas del año, siempre que se quiera conocer esa otra cara del máximo atractivo de la Huasteca Potosina. Los guías de El Naranjito te esperan para vivir con ellos la disfrutable experiencia.


