Vicente Lara Dávila: Un Legado de Esfuerzo y Visión

Hoy, al conmemorar un aniversario más del nacimiento de Don Vicente Lara Dávila, es inevitable reflexionar sobre la vida excepcional de un hombre que no solo dejó huella en su familia, sino también en la comunidad que lo rodeó. Nacido el 22 de enero de 1932 en Ojo Caliente, municipio de Santa María del Río, San Luis Potosí, Vicente fue el hijo de Jesús Lara Arriaga y Amalia Dávila. casado con la señora María Cruz Compeán Echavarría, tuvo 7 hijos; Lilia del Carmen, Vicente, David, Araceli, Mario Alberto, Luz Selene y Agustín, a lo largo de su vida, se convirtió en un modelo de perseverancia, un empresario visionario y un pilar para su familia.
Desde temprana edad, Vicente estuvo bajo el cuidado de su abuela, quien le inculcó valores y aspiraciones, esperando que él siguiera el camino del sacerdocio. Sin embargo, Vicente decidió que su vocación estaba en el comercio. A los 14 años, se trasladó a Valles para ayudar a su padre y adentrarse en el mundo empresarial. Este cambio marcó el inicio de una trayectoria que estaría llena de logros y desafíos.
Ocho años después, cuando Vicente cumplió 18, su espíritu emprendedor lo llevó a Chicago, Illinois. Allí trabajó arduamente, lo que le permitió regresar a su tierra natal y comprar su primer camión. Junto a sus hermanos Francisco, Manolo, Javier y Jesús, formó una asociación de transporte que se volvió conocida en la región como “Los Halcones Negros”, inspirados por una popular historieta de la época. En sus camiones, transportaban productos esenciales como piloncillo, Fibracel y aceites desde Tampico hasta Sinaloa, estableciendo así una sólida reputación comercial.
La historia de Don Vicente no se detuvo ahí. En 1948, él y su familia abrieron Casa Lara, su primera tienda frente a la iglesia La Parroquia, expandiéndose posteriormente al mercado Gonzalo N. Santos, donde fueron acompañados por otros comerciantes destacados como: Adán Larraga, Miguel Jiménez, José Larraga, Manuel Sánchez, Juvencio Soria,Miguel Gómez,Herculano Ríos y Eufemia Bustos. El ambiente empresarial que crearon contribuyó al desarrollo económico de la región.
David Lara, uno de sus hijos, ha recordado cómo su padre fue parte de la primera generación de la escuela Secundaria de las Huastecas, hoy Pedro Antonio Santos Rivera, un lugar donde hizo amistades que perduraron toda la vida. Entre sus compañeros se encontraban figuras importantes de la comunidad, como el Lic. Guadalupe Rojas, la señora Clementina dueña de la Canasta y el Dr. Salim Chemas. Estas experiencias formativas cimentaron el carácter de Don Vicente, un hombre que nunca dejó de aprender y crecer.
Uno de los momentos más memorables de su vida fue cuando tuvo el privilegio de escuchar a Pedro Infante en un concierto benéfico en el mercado. Esta anécdota resalta su conexión con la cultura y su aprecio por la música, además de reflejar su amor por su comunidad.
Don Vicente Lara Dávila no solo fue un comerciante; su legado empresarial incluye la fundación de la UNPASA, un organismo dedicado a la distribución de azúcar, y la creación del Hotel del Valle en El Naranjo, así como el Hotel Riviera y Súper Lara en la ciudad. Su dedicación a la agricultura y ganadería también demostró su versatilidad y compromiso con el desarrollo local.
Con frases memorables como “Para atrás ni para agarrar vuelo” y “Yo soy mucha medicina”, Don Vicente encapsuló su filosofía de vida —un mensaje de determinación y fuerza que sigue inspirando a quienes lo conocieron.
Hoy, al recordar a Don Vicente Lara Dávila en este aniversario, celebramos el impacto duradero que tuvo en su familia y en su comunidad. Su legado continúa vivo en sus hijos y en cada rincón de su querida tierra, recordándonos que el esfuerzo y la visión pueden transformar vidas y construir un futuro mejor.
Fuente: David Lara Compeán y Prof. Crescencio Martínez Candelario. Cronista

