Hace 71 años, Ciudad Valles enfrentó uno de los episodios más trágicos y devastadores de su historia. El 19 de septiembre de 1955, el ciclón Hilda llegó con una fuerza descomunal y transformó una jornada aparentemente tranquila en un escenario de destrucción, miedo y desesperanza. Sus vientos, que alcanzaron hasta 220 kilómetros por hora, arrasaron viviendas, derribaron árboles y convirtieron calles y caminos en ríos de lodo y escombros.
El desastre no se limitó a la ciudad. Comunidades enteras de la Huasteca potosina quedaron incomunicadas, mientras miles de familias perdían sus hogares y sus medios de subsistencia. En medio de la devastación, la solidaridad se convirtió en una de las pocas luces capaces de abrirse paso entre la tragedia.
Una figura fundamental en esa respuesta fue la del padre Xavier Enrique Guerrero Briones. Gracias a sus gestiones, 18 familias que lo habían perdido todo recibieron casas y terrenos para comenzar nuevamente sus vidas. Así nació la colonia Hilda, actualmente conocida como Francisco I. Madero. Algunas de aquellas viviendas todavía permanecen en pie, especialmente en la privada Hilda, como testigos silenciosos de una época marcada por el dolor, pero también por la generosidad.
El ciclón Hilda formó parte de una temporada extraordinariamente destructiva. Durante septiembre de 1955, los ciclones Gladys, Hilda y Janet golpearon distintas regiones de México, afectando gravemente a Veracruz, Tamaulipas, Hidalgo y San Luis Potosí. El saldo nacional fue desolador: más de 50 mil personas quedaron sin hogar y se registraron más de 12 mil fallecimientos, cifras que reflejan la magnitud de una emergencia que rebasó todas las previsiones.
Los testimonios de quienes sobrevivieron permiten comprender el terror de aquellos días. La maestra Oralia Mendoza Hervert, próxima a cumplir 101 años, recuerda que tuvo que trasladarse con su esposo hacia la comunidad de Tlamaya. Mientras avanzaban a pie, los vientos huracanados amenazaban con derribarlos. Cada paso estaba acompañado por el temor de quedar atrapados en medio de la tormenta.
Margarito Pérez Martínez también conserva la memoria de una tragedia familiar en el ejido La Reforma. Las aguas destruyeron la tienda de su padre, Nabor Pérez Aguilar, arrancaron puertas y se llevaron mercancías. Ante la destrucción, la familia tuvo que abandonar su hogar y trasladarse hacia la zona que actualmente se conoce como Reforma El Alto.
Doña Francisca Medina Rodríguez recuerda, por su parte, los días de aislamiento y angustia que siguieron al paso del ciclón. Durante un tiempo, la ayuda parecía imposible. Finalmente, ella y otros damnificados fueron rescatados por elementos del ejército estadounidense.
La emergencia provocó una respuesta internacional sin precedentes. A través de la llamada “Operación Amistad”, el presidente Dwight D. Eisenhower ofreció apoyo al gobierno mexicano de Adolfo Ruiz Cortines. El 24 de septiembre de 1955, el portaviones CVL-48 Saipan llegó a Tampico junto con helicópteros y otras embarcaciones.
Aquella misión marcó un momento histórico: aeronaves militares utilizadas anteriormente en conflictos bélicos fueron empleadas para rescatar civiles, transportar víveres y auxiliar a comunidades afectadas. Los helicópteros sobrevolaron municipios como Ébano, Tamuín y Ciudad Valles, salvando vidas en zonas donde las comunicaciones terrestres habían desaparecido.
Sin la Operación Amistad, el número de víctimas pudo haber sido todavía mayor y la reconstrucción, mucho más lenta. 71 años después, Ciudad Valles recuerda a Hilda no solo como el ciclón que destruyó hogares y quebró familias, sino también como la tragedia que reveló la fuerza de la solidaridad. Su recuerdo permanece en las calles, en las viviendas sobrevivientes y en la memoria de los vallenses, como una advertencia sobre la fragilidad humana y un homenaje a quienes ayudaron a reconstruirlo todo desde las ruinas.
Fuentes: Oralia Mendoza Hervert, Margarito Pérez, Francisca Medina y Prof. Crescencio Martínez Candelario. Cronista municipal.